dijous, 8 d’octubre del 2009

Crónica concentración en la DGSP en Barcelona.

En la mañana del Miércoles, 7 de Octubre, a las 12 horas de la mañana, unas 50 personas acudimos a la convocatoria en solidaridad con Amadeu, que llevaba en ese momento 85 días de huelga de hambre, y que había iniciado de nuevo, una huelga de sed que mantenía desde hacía 4 días. A todas las personas, que allí nos concentramos, nos sorprendió en enorme despliegue policial y las medidas de seguridad que los mossos de esquadra habían llevado a cabo, en las proximidades de la entrada del edificio. Por estas circunstancias, nos tuvimos que situar en el lado del edificio que daba a la calle Aragón. Al poco tiempo de estar allí concentrados, un mando de la policía se acercó para decirnos que debían de aumentar la zona de seguridad, por lo que debíamos retroceder unos metros, y que por estas medidas, también cortarían el tráfico.

En ese momento, un grupo de personas solidarias con Amadeu, tomó la iniciativa y salieron a ocupar la calle Aragón, desplegando rápidamente unas pancartas mientras se situaron con ellas de lado a lado. Los gritos reclamando la libertad de Amadeu, se empezaron a oír, y multitud de rostros curiosos, se asomaron por las ventanas de las casas, oficinas y despachos que hay en la zona. Incluso desde las ventanas del edificio de la Dirección General de Instituciones Penitenciarias, algunas personas se asomaron cuando las consignas se hicieron oír. Un grupo de personas que acompañábamos a la madre de Amadeu, intentamos acercarnos a la entrada del edificio de la Dirección General, para solicitar una entrevista con algún responsable de la situación de Amadeu, pero los mossos que acordonaban la zona nos lo impidieron. "Estamos intentando solucionar un asunto, y cuando esté resuelto podrán pasar".

El grupo de personas solidarias, seguía con sus gritos de libertad para Amadeu, y explicando su delicada situación. Tras más de media hora ocupando la calle, los mossos se desplegaron y empezaron a presionar a la gente solidaria, para que se retiraran hacia la acera, haciendo un cordón policial que acabó rodeando al grupo, concentrándonos en uno de los laterales del edificio. Se intentó de nuevo pasar el cordón de seguridad, para entrar en el edificio y ver si podíamos entrevistarnos con algún responsable, y uno de los jefes del operativo policial, nos dijo que él gestionaría nuestra petición, si el grupo de personas solidarias no volvían a invadir la calle, algo ciertamente difícil, pues estábamos rodeados por un numeroso grupo de policías antidisturbios. Después de rechazar su proposición y de exigir nuestro derecho al acceso a un edificio público, se fue y volvió con otro mando que nos acompañó hasta la puerta de entrada del edificio, explicando al siguiente policía, que íbamos a entregar un documento. Íbamos cuatro personas. La madre de Amadeu, acompañada de tres personas más. El policía de la puerta, nos pidió el documento de identidad, al mismo tiempo que un agente de una empresa de seguridad privada nos pedía que pasáramos nuestros objetos personales por el escáner. En ese momento, un grupo de personas, todas elegantemente vestidas, se saludaba en la puerta de entrada, una de ellas, era Montserrat Tura, que entró rápidamente, rodeada de su seguridad personal y levantando tímida y temerosamente la mirada al cruzarse con nosotras. Desapareció por una puerta, sin pasar por ninguno de los controles de seguridad, y quedándose dos de los miembros de seguridad custodiando la puerta y otro junto a nosotros a una cierta distancia. Después de comprobar y registrar nuestros datos de identidad, el policía nos señaló la ventanilla para registrar los escritos. Le hicimos notar que no llevábamos ningún escrito para entregar y que lo que queríamos, era entrevistarnos con algún responsable de la situación de Amadeu, ante lo que el policía se quedó desconcertado y sin saber qué hacer. La trabajadora que había tomado nota de nuestros datos personales, se dio cuenta de la situación y nos preguntó que con quién queríamos hablar. Se lo repetimos y nos informó la planta a la que debíamos de subir, pero rápidamente el policía dijo que tenía que preguntar si podíamos subir.

Poco después, el ascensor se detenía, y de él salían varias personas entre las que pudimos identificar a Albert Batlle en medio de un grupo de personas y que se metían por la misma puerta por la que había entrado Montserrat Tura. Al abrir la puerta, se pudo ver que había un pasillo estrecho, y que Montserrat estaba todavía esperando allí y se pusieron a hablar mientras los de seguridad personal cerraban la puerta. Poco después, otro hombre que había bajado por las escaleras, entró por la misma puerta y al rato salió y se dirigió a la trabajadora de la puerta, que le señaló nuestra presencia. Se presentó como Pius Fransoy, jefe de relaciones institucionales, y nos preguntó si éramos nosotros quienes queríamos hablar sobre la situación de Amadeu. Después de nuestra afirmación, nos dejó bien claro que esa información era confidencial, y que sólo se podía facilitar a la familia directa y a los abogados. Aseguró que a la madre ya se le había informado en varias ocasiones, a lo que la propia madre le contestó que a ella nadie le había explicado nada. También nos dijo que él no era la persona adecuada, y que las circunstancias del momento no lo permitían. Le hicimos notar que sabíamos que Albert Batlle y Montserrat Tura estaban en el edificio, pero insistió que por las circunstancias del momento, hoy no podía concertar esa entrevista. Una compañera le propuso hacerla al día siguiente, pero desistió, y esta misma compañera le hizo notar que no se podía demorar la entrevista porque Amadeu ya llevaba muchos días en huelga de hambre y que había comenzado una de sed y que ellos no tenían en cuenta esas circunstancias y que parecía que le diese lo mismo que Amadeu muriese. El respondío, "te aseguro que pensamos en Amadeu todos los días..." y aseguró que se preocupaban por su estado de salud y que por eso estaba bajo cuidados médicos y que ponían todos los medios posibles. Se produjo un momento un poco tenso porque aseguró que a Amadeu se le estaba dando "el mismo trato que a cualquier otro preso" y se le recordó cómo habían incumplido su palabra para que Amadeu saliese en libertad y cómo habían utilizado la ley, no como beneficio, sino como castigo. A partir de un momento, al no encontrar argumentos para justificarse, llegó a asegurar que la situación era difícil porque habían carteles en los que aparecía "la consellera con una diana y un disparo en la cabeza"..., y que él no podía informarnos pero sí que podía comprometerse a hacer las gestiones para conseguir esta entrevista consultando la agenda y le pidió el teléfono a la madre de Amadeu y ella le contestó que prefería que se pusieran en contacto con alguna de nosotras, a lo que Pius Fransoy reaccionó diciendo que nos facilitaba el teléfono de su despacho, para que el abogado se pusiera en contacto con él y concertar esa entrevista, pero que sólo podrían asistir abogados y familiares. Se le planteó la posibilidad de que, si Amadeu autorizaba a alguna persona para recibir dicha información, no podían negársela y ni negó, ni afirmó, pero sí que dejó abierta esa posibilidad, "si está autorizada, habría que dársela".

Nos marchamos, tras recoger nuestros documentos de identidad, para salir a la calle en donde nos seguían esperando el grupo de compañeros y compañeras solidarias que habían acudido a la concentración y que seguían mostrando las pancartas que reclamaban la libertad de Amadeu Casellas. Vimos, que algunos medios de comunicación habían llegado a la zona, y que con sus micrófonos y cámaras, se movían de un lugar a otro. Nos dirigimos hacia nuestras compañeras y tras informarles de lo que había sucedido en el vestíbulo y del compromiso adquirido para esa entrevista y las posibilidades de que alguna persona más, a parte de la familia y los abogados, pudieran entrar, la madre de Amadeu agradeció el apoyo y la asistencia a todas las personas que allí se encontraban y se dió por concluida la concentración, pidiendo a las personas que permanecieran atentas a las próximas convocatorias, y que nos fuéramos juntas, para evitar situaciones que no habíamos ido a buscar.

Mientras nos retirábamos, un grupo de periodistas vinieron a ver si podían conseguir algunas declaraciones, y la madre de Amadeu explicó la situación de su hijo. Algunos pidieron octavillas, y una periodista que se presentó como de radio nacional, nos preguntó si sabíamos algo sobre una amenaza de bomba que se había producido en el edificio. Sorprendidos por sus palabras, pues nadie nos había informado de dicho peligro, se le respondió que, además de desconocer dicha situación, si hubiésemos sabido que había una amenaza de ese tipo, no habíamos insistido en entrar en el edificio, ni habríamos permanecido concentrados a sus puertas. "Sí, eso me extrañaba a mí", respondió la periodista, y mientras les aclarábamos que no se había producido ningún desalojo del edificio, entre ellos no acababan de ponerse de acuerdo si el posible artefacto lo habían hecho explosionar dentro o se lo habían llevado a otra parte. Para lo que no estaban capacitados, ni los periodistas, ni los responsables de la dirección general, ni policías uniformados o secretas o artificieros, es que la única bomba real, es que Amadeu Casellas lleva más de 85 días en huelga de hambre, y que a esos grandes responsables les importa muy poco la vida, no sólo la de Amadeu, sino la de todas las personas que nos encontrábamos en la calle y las que se encontraban trabajando dentro.

Y mientras hacen grandes despliegues policiales y los responsables de justicia y prisiones se reúnen y protegen en los pasillos para aparecer como víctimas, la salud de Amadeu es como ese reloj que día a día agota su arena y le queda menos tiempo.

LIBERTAD AMADEU CASELLAS.
ABSOLUCIÓN NURIA, ALFONS Y ENCAUSADXS DEL FORAT DE LA VERGONYA.
SOLIDARIDAD CON TODXS LXS PRESXS EN LUCHA.