diumenge, 26 d’abril de 2009

Comunicación con Amadeu el Sábado 25-04-09.

¿Es esto lo que llaman protocolos de seguridad?

Hoy Sábado 25 de Abril, he ido a comunicar con Amadeu en su quinto día de Huelga de hambre. Las situaciones que se han producido durante el viaje y las esperas, pudieran parecer anécdotas, pero algunas nos hablan del significado de la prisión y de la trascendencia e influencia sobre quienes tienen que mantener algún tipo de relación con ella. Quizás en otro momento pueda relajarme y dedicarme a analizarlas con más tranquilidad y tiempo, pero ahora me parece mucho más importante, poder hablar sobre la situación concreta de Amadeu. Para empezar, decir que en el banco de datos del ordenador donde se recogen las comunicaciones, había algo que otras veces no existía. No he podido enterarme qué es lo que pasaba, porque la funcionaria que ha intentado inscribirme en primer lugar, no ha sabido explicar con claridad cual era el problema. En algún momento, me ha dado a entender que Amadeu sólo podía comunicar "mañana" (refiriéndose al Domingo). Evidentemente le he dicho que no, que Amadeu comunicaba los Sábados, que estaba en el módulo 4, y que el Sábado era su día de comunicación. Un funcionario más veterano ha confirmado mis palabras, pero no le ha permitido hacer algo que proponía la funcionaria. Al final, y después de 10 minutos, he dejado pasar mi turno para que pudiesen dejar entrar a comunicar a las personas que tenía detrás, pues me ha dado la sensación de que se trataba de que lo perdiese yo, o lo perdiésemos todos.

Cuando ya habían entrado a comunicar en el primer turno, la funcionaria le ha pedido al funcionario más veterano que me inscribiera él, porque ella no sabría hacerlo. Y ahí me he pasado otro cuarto de hora porque el ordenador no se sabe qué datos tenía, que no permitía hacerlo como en las otras ocasiones. Una vez he conseguido la hoja de autorización, ha pasado casi una hora hasta la llamada para comunicar y cuando esta se ha producido, lo sorprendente ha sido el aviso de que dejáramos en las taquillas todo lo que pudiera pitar en el detector, porque sino, no entraríamos a las comunicación. De hecho, nos sugerían que dejáramos incluso las chaquetas, y el funcionario veterano que me había dado la autorización, ha salido de la ventanilla para sumarse a los tres carceleros que estaban en la puerta de acceso, y ha cogido una raqueta detectora. Una funcionaria se quedaba nuestros documentos y nos inscribía en su hoja de registro, mientras que dos carceleros nos registraban con las raquetas, y otro vigilaba con los brazos cruzados sobre el pecho y las piernas abiertas. En mi caso, me he sacado la chaqueta y la he dejado sobre la mesa de la funcionaria, junta con la llave de la taquilla en la que había dejado mis efectos personales. Al pasar por el arco ha pitado, y el carcelero veterano me ha dicho que llevaba algo en los bolsillos. He girado los bolsillos hacia fuera para demostrarle que no llevaba nada y entonces me ha dicho que eran los zapatos y que debía descalzarme. Sin zapatos, he vuelto a pasar por el detector, y en esta ocasión no ha sonado. Me he calzado y me han dado la llave y la chaqueta mientras el funcionario veterano le preguntaba al otro si le había pasado la raqueta a la chaqueta, a lo que el otro le ha contestado afirmativamente. No sólo le habían pasado la raqueta, sino que además la funcionaria la había estado palpando. Este proceso lo han hecho con todas las personas que han entrado en el turno que estaba yo. En el anterior turno, este procedimiento no se ha realizado, y en el tercer turno, no me he quedado para comprobarlo. Un compañero que también comunica con Amadeu, ya me comento que en otra ocasión le hicieron algo parecido y no estaría de más, comprobar si lo hacen en otras ocasiones que comuniquemos con Amadeu.

Hasta aquí los preliminares de lo que después será la comunicación con Amadeu. En otras ocasiones, había visto algún carcelero caminando por el pasillo interior que se encuentra detrás de las personas presas. En esta ocasión, no sólo paseaban en ese pasillo, sino que teníamos dos carceleros permanentemente de plantón durante la comunicación, tanto en las espaldas de Amadeu, como en las mias. Y no se perdían ninguno de nuestros movimientos. Y cuando se lo hice notar a Amadeu, y le dije que fuese con cuidado porque lo que estaba viendo me hacía sospechar que le iban a poner una vigilancia especial en los módulos con carceleros y chivatos. Ahí Amadeu me explicó que tenía a un carcelero que no conocía, siguiéndole los pasos todo el día. Tanto era así, que cuando lo despistaba, Amadeu le silvaba como se les hace a los perros para decirle que estaba allí. Además, le habían dicho que recogiese sus cosas que le cambiaban de celda, y Amadeu se negó y les dijo que si le cambiaban se ponía también en huelga de sed. Parece ser que al final desistieron de sus intenciones. Explicó que ya conocía ese tipo de situaciones y que en una ocasión le pusieron con un "chota" que llevaba el economato y que pretendía ganarse su confianza invitándole con buenos alimentos, hasta que se cansó de aguantarlo y fue al responsable a decirle que iban a conseguir nada con el chivato que le habían puesto.

Me preocupa esta situación, nunca había visto un despliegue igual en una comunicación, era como si le estuviesen aplicando un protocolo de seguridad, dentro del grado ordinario. Y por lo que explicó Amadeu, esta situación se confirma. Es como si estuviesen buscando algo con lo que corroborar esta imprevista causa pendiente con la que han justificado la ruptura del acuerdo.

Durante toda la comunicación, tuvimos esas cuatro personas que no nos sacaban la vista de encima. A ellos, de tanto en tanto, se les sumaba alguno que paseaba y nos miraba al pasar por delante de nuestro locutorio. Unos compañerxs me habían pasado sus datos personales para que se los diera a Amadeu y pudiese pedir comunicación con ellxs. Amadeu me estuvo enseñando a través del cristal, dos instancias. Me explicó que se presento una mujer que debía de ser una psicopedagoga o algo por el estilo, y le presentó una instancia para que la firmara. En ella ponía que se le retiraba de las tareas productivas, a causa de la huelga de hambre y por motivos de salud. Vamos, que ahora, de repente, estaban preocupados por su salud. Después de leer el papel, pensé que si se preocuparan de su salud, lo mejor que podrían hacer es dejarlo en libertad, y habían hecho todo lo contrario. Todo formaba parte de esa enorme farsa que es el propio sistema penitenciario. Amadeu me dijo que se negó a firmarlo, y que ante la insistencia de la mujer, le dijo que si le había enviado el director, que se lo devolviera...

La otra instancia que le habían enviado, hacía referencia a unos incidentes que se produjeron en la comunicación de la semana anterior, y le transmitían la prohibición de comunicaciones con la persona que se vio involucrada en el incidente.

Aprovechando que me había mostrado la instancia a través del cristal, le pregunté si tenía un bolígrafo y pegué la hoja de la autorización de comunicaciones, en el cual, había colocado el papel con los datos de lxs compañerxs que querían comunicar con él. De esta forma, los vigilantes que tenía a mi espalda, no podían ver qué le estaba mostrando, y los que estaban enfrente, lo que verían sería la hoja de la autorización con el membrete de la prisión. De hecho, una carcelera se había puesto disimuladamente en un ángulo desde el que podía observarnos, medio tapada por una columna. Aprovechando esa posición, coloqué la hoja de manera que le quedase tapada por la columna, y pude comprobar cómo se descubrió al estirar el cuello para ver qué es lo que le mostraba. Amadeu anotó todos los datos y dijo que los iba a dar de alta a todxs.

Seguimos hablando y comentamos cómo la prisión se había quitado la responsabilidad, dejando en manos de la jueza de vigilancia, una decisión envenenada, pues si ella fallaba en contra, la prisión tendría una nueva excusa. No concedía el permiso porque la jueza o el fiscal lo habían denegado. Entonces hablamos que si eso sucedía, tendríamos que activar la propuesta alternativa, y así, la prisión no podría eludir su responsabilidad. Se trata de que la DGSP puede darle un permiso de 48 horas, incluso con el fallo negativo de la jueza y la fiscalía, pero para eso, había que promover esa solicitud, y desde luego a buen seguro la prisión no iba a hacerlo, por lo que la DGSP, también tenía la excusa de que no denegaba nada, porque nadie le había solicitado algo. Por lo que Amadeu iba a solicitar él directamente a la DGSP este autogobierno, de manera que todos quedaban expuestos a la evidencia. No le daban el permiso, porque no querían.

Comentamos cosas de sus últimos comunicados y el tiempo se iba consumiendo. A Amadeu se le ve más delgado. Ha perdido ya 7 kilos, y aunque físicamente se le ve bien y animado, reconocía que esta rápida pérdida de peso, se podría deber a que todavía no estuviese recuperado del todo de su anterior huelga de hambre. Empezaba ya a notar algunos dolores en las piernas, pero no había perdido ni un ápice de decisión para continuar adelante.

Se cortaron los microteléfonos y nos despedimos. Siempre que se corta la comunicación, la gente se espera un poco más para hacer la despedida a base de gritos. Nosotros nos saludamos con un gesto y nos despedimos al tiempo que salíamos de la cabina. La gente todavía no habían salido y el pasillo estaba casi vacío, sólo estaban los dos carceleros que vigilaban desde el pasillo de las visitas, y nada más salir de la cabina, siguieron mis pasos hasta la puerta. Allí avisaron con el "walki" para que les abrieran, y desaparecieron dejándome solo en el pasillo. Poco a poco fue saliendo la gente de los locutorios y aproveche para romper y guardarme el papel con los datos de lxs compañerxs. Salimos sin mayor contratiempo, recogí mis efectos personales de la taquilla, y salí a respirar el aire fresco de la explanada que hay frente a la puerta de entrada. Allí, tenía que esperar una hora más hasta que viniese el autobús a recogernos de vuelta a Barcelona. Es impresionante lo que se oye en el autobús, sobre todo en los viajes de vuelta...