dilluns, 1 de desembre de 2008

El “caos” de Brians 2


Hace ya un año y medio que se inauguró la prisión de Brians 2, en el termino municipal de Sant Esteve de Sesrovires. Jamás sabremos cuantos impuestos nos ha costado dicha prisión, pero en el momento de su inauguración la consellera Montserrat Tura aseguró que era un paso más, "para prescindir de las instalaciones obsoletas, que han dado su servicio hasta ahora pero que realmente ya no son operativas". Este centro penitenciario, cuenta con 14 módulos, cada uno de tres plantas y 72 celdas para una o dos personas. En total, una capacidad de unas 1500 personas presas. Una de los efectos propagandísticos en el momento de su inauguración, fue la incorporación de "una piscina para los presos". La misma consellera declaró que "un elemento de agua muy necesario en verano...". Parece que las palabras de la consellera se siguen al pie de la letra y año y medio después de su inauguración, en los lavabos de la prisión hay un cartelito hecho con ordenador, en el que se puede leer "NO HAY AGUA HASTA NUEVO AVISO". Pero no es esta la única cuestión que no funciona en esta nueva construcción. La calefacción, tampoco parece que vaya demasiado bien; y hay módulos, en los que cuando llueve, entra tanta agua como si no tuviese techo.

Estas son sólo algunas de las graves anomalías, las que pude comprobar en mi última entrada en dicho centro penitenciario, pero seguro que hay muchas otras que no pude ver; pero lo que sí que pude constatar, es que el trasiego de trabajadores de la empresa de mantenimiento de la prisión, no paraban de entrar y salir de la prisión.

Sí, este sábado pasado, 29 de Noviembre, fuí a comunicar de nuevo con Amadeu Casellas. En esta ocasión, entré con el segundo turno de la tarde, mucho más numeroso en visitas, que el tercero y último. Como norma, hay que personarse con media hora de antelación como mínimo, y solicitar la hoja de comunicaciones. Llegué con suficiente tiempo para hacer todo el procedimiento administrativo y observar cosas que, en otras ocasiones, me pasan inadvertidas. Como el clima había estado bastante inestable y con abundantes lluvias, llamé a la compañía de autobuses para cerciorarme del horario y del precio, en caso de lluvia. Por la información facilitada, los sábados el autobús no hace parada en Martorell y el trayecto desde Barcelona, se hace en poco más de media hora. Su precio, casi 4 euros. Lo que me sorprendió, es que hay que coger el mismo autobús para el segundo y para el tercer turno. Para el segundo, llega muy justo de tiempo, y para el tercero, con excesivo tiempo de sobras. De hecho, después de llegar el autobús, se formó una larga cola en la ventanilla de las comunicaciones. Y como además, sólo había una funcionaria atendiendo, la hora de entrada se demoró un poco. Este no fue en el único lugar en el que se notaba falta de personal. La misma funcionaria que se quedaba los documentos de identidad a la hora de entrar a comunicar, se encargaba también de pasar la raqueta detectora a todas las personas que, al pasar bajo el arco detector, le sonaba la alarma; algo que sucedió con todas las personas que comunicamos en ese turno. Cuando habían pasado casi la mitad de personas, apareció otra funcionaria que se encargó de la función de la raqueta.

Mientras estuve esperando en el vestíbulo, no dejaron de entrar y salir constantemente, personal con ropa de la empresa de mantenimiento. Siempre se coincide con alguno, pero en esta ocasión el número era muy superior, incluso más que de carceleros.

Como decía, el clima había estado bastante inestable, pero por la tarde se despejó, y pese al helado frío que se notaba, el sol hizo su aparición sobre las 3 de la tarde. Pero pese a que el sol se dejaba notar agradablemente, en esta ocasión y a causa del frío glacial, casi todas las personas esperaban en el interior del vestíbulo. Dentro, el calorcito de la calefacción, me reconfortaba de un helado viaje en moto.

Llegó la hora de comunicar, y con bastante lentitud fuímos entrando en la siguiente sala de espera. Allí empecé a notar que la temperatura había bajado bastante, y tuve que cerrar la cremallera de la chaqueta que llevaba. Al paso por los pasillos y la escalera que conducen hasta el patio que separa los módulos de la parte edificada para los funcionarios, se notaba que a medida que más nos acercábamos a los módulos de los presos, la temperatura era más baja. Otra cuestión añadida, era el descubrimiento de esos cartelitos que avisaban que "NO HAY AGUA HASTA NUEVO AVISO", y la visión del interior de la garita de los funcionarios, toda llena de botellas de agua mineral. No deja de ser sorprendente, que una prisión nueva, de la que se hablaba como pionera en muchos aspectos como en el tecnológico, en el de su diseño, en el de su construcción y sobre todo en el de su enorme coste público, con los primeros fríos, con las primeras lluvias, etc..., se convierta en un centro más predispuesto al caos que al control y la seguridad que tanto publicitan. Es humillante, que unas 1500 personas tengan que vivir en condiciones en las que no pueden utilizar lavabos, no pueden ducharse, no pueden marcharse a otro lugar y encima deben de soportar el frío y la humedad. Realmente, más que una prisión moderna, la situación se asemeja mucho más a la de un campo de concentración con barracones de tres plantas. Y luego hablarán de la condición y el trato humano, para silenciar estas caóticas situaciones y la desaparición del erario público de nuevas partidas para las reparaciones y mantenimientos de las infraestructuras más elementales de una prisión nueva que no debería de tener este tipo de problemas. Y mientras tanto, otras tantas prisiones se construyen y muchos más millones, se distribuirán entre empresas que demuestran su poca fiabilidad técnica. Para que luego se hable de la crisis del ladrillo, en vez del enriquecimiento de empresas del sector y del despilfarro público, que no exige una mínima garantía y control a las empresas que contrata. El control y la exigencia de acuerdo a la ley, siempre tiene el mismo objetivo: las personas más desposeídas. Ya hemos visto lo que sucede cuando algunos de los cómplices del sistema se siente perjudicado; automáticamente, hace públicas algunas de las irregularidades del perjudicador y nos encontramos que los jueces no pueden condenar a policías que maltratan, porque sino, son puestos en entredicho por ejercer bajo los efectos del alcohol. Y esto es sólo un minúsculo grano de arena del reino de la impunidad del que gozan los funcionarios de los estamentos que sustentan este sistema patriarcal y capitalista. No me imagino a estos bellacos y miserables, teniéndose que asear con botellas de agua mineral. Por lo menos, en el cuarto grado de libertad, cuando se produce un suceso de esas características, la administración debe de buscar un acomodo más digno para las personas afectadas y pedir daños y perjuicios a las empresas responsables. Debe ser que para las personas presas, el acomodo digno no es un instrumento de reinserción social.